En un lugar de la mancha …

En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, había un pequeño pero entrañable pueblo bautizado popularmente como el balcón de la alcarria. Allí se celebró una fiesta donde una sardina de exuberantes proporciones fue la protagonista en un evento carnavelesco de jolgorio colectivo. Es, pues, de saber, que estaban representando una tradición ritual ancestral con el ánimo de pedir acopio a la Madre Tierra así como abrazar a la esperada primavera.

En el transcurso del peculiar folklore de raíces alcarreñas un atento escudero que transitaba entre el gentío quiso inmortalizar a su manera todo lo que allí acaecía.






Y hasta aquí escribió el escudero, por donde se echó de ver que en aquel punto, sin poder acabar la razón, se desvaneció al terminar la jarana. Éste fue el fin que tuvieron todos, nacido de un tan desatinado principio.

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